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Metabolismo11 min de lectura

La metilación y sus trastornos

La metilación influye de forma decisiva en la desintoxicación, el equilibrio hormonal y la actividad de los genes, pero las opiniones se dividen sobre qué la desequilibra: más bien los genes, o más bien los virus y los tóxicos ambientales. En este artículo descubrirás más sobre las posibles causas, los síntomas y las soluciones ante un trastorno de la metilación.

Lilia Baron

Redactora

Methylierung und Methylierungsstörung

La metilación: nuestro director de orquesta invisible

Imagina que tu cuerpo fuera una enorme orquesta sinfónica: cada célula, cada órgano y cada tejido toca su propia melodía. Solo si todo encaja de la mejor manera surge una composición armónica, y el director invisible que dirige ese conjunto en nuestro cuerpo se llama metilación. Pero ese director puede perder el compás, lo que puede llevar a un trastorno de la metilación.

En este artículo descubrirás qué es exactamente la metilación, qué papel juegan ahí los nutrientes, cómo reconocer los problemas de metilación, qué molestias pueden provocar y cómo remediarlas. Veremos no solo el punto de vista de la ciencia establecida sobre la metilación, sino también lo que dicen al respecto expertos alternativos, entre ellos del ámbito de la medicina integrativa, funcional y holística.

‍¿Qué es la metilación?

La metilación es un proceso bioquímico que ocurre en cada célula de tu cuerpo. En él se añaden a distintos puntos de nuestro ADN o de nuestras proteínas —o se retiran de ellos— unos grupos moleculares diminutos (los grupos metilo). Este mecanismo funciona como un interruptor para nuestros genes e influye en qué proteínas produce nuestro cuerpo y en cómo reacciona ante el entorno.

La metilación juega un papel decisivo en muchas funciones vitales del cuerpo:

  • La regulación de los genes: los grupos metilo pueden encender o apagar genes. Eso influye en que una información hereditaria llegue a expresarse o no.
  • La fabricación y degradación de neurotransmisores: entre ellos la serotonina, la dopamina y la noradrenalina, importantes para el ánimo, el impulso y la concentración.
  • El equilibrio hormonal: por ejemplo en la degradación de los estrógenos.
  • La desintoxicación: multitud de tóxicos ambientales y de productos del metabolismo deben transformarse, con ayuda de la metilación, en formas eliminables.
  • La regulación de la inflamación: una metilación que funciona puede mantener a raya los procesos inflamatorios del cuerpo.

Si estos procesos no transcurren sin problemas, todo el organismo puede desequilibrarse. Es comparable a un director que da entradas equivocadas y desordena así la orquesta.

‍Los nutrientes importantes para la metilación

Como en toda buena orquesta, también el director necesita los instrumentos adecuados para producir sonidos armónicos.

Para nuestro cuerpo son, en primer lugar:

  • El ácido fólico (vitamina B9) en forma activada (5-metiltetrahidrofolato): es uno de los actores principales del ciclo de metilación.
  • La vitamina B12: ayuda a transmitir los grupos metilo y es imprescindible para unos nervios sanos.
  • La vitamina B6: apoya a muchas enzimas implicadas en el proceso de metilación.
  • La betaína (trimetilglicina, TMG): sirve como donante directo de grupos metilo.
  • La metionina: un aminoácido necesario para formar la SAMe (S-adenosilmetionina), el « donante de metilo » universal.
  • La colina: puede transformarse en parte en betaína y es por tanto también esencial para un ciclo de metilación sin problemas.

Si falta uno o varios de estos nutrientes, el ciclo empieza a tambalearse. Un nivel bajo de folato o de vitamina B12 puede hacer, por ejemplo, que procesos importantes se detengan y que se acumulen productos intermedios dañinos (por ejemplo la homocisteína). Encontrarás más sobre la vitamina B12 en el artículo « La vitamina B12, el milagro de los nervios ».

‍¿Qué es un trastorno de la metilación?

Se habla de trastorno de la metilación cuando esta no funciona de forma óptima.

La ciencia establecida ve las siguientes causas:

  • Variantes genéticas como las mutaciones del gen MTHFR (metilentetrahidrofolato reductasa), responsable de transformar el ácido fólico en su forma activa.
  • Carencias de nutrientes (por ejemplo un aporte insuficiente de vitaminas B).
  • Los tóxicos ambientales y otros factores de estrés, que cargan o bloquean todavía más el ciclo de metilación.

En el fondo, eso significa que el director ya no logra coordinar bien a sus músicos y que la orquesta suena, en consecuencia, desafinada. Eso no se muestra entonces, por lo general, en un solo síntoma, sino que puede afectar a ámbitos muy distintos del cuerpo (por ejemplo la desintoxicación, el equilibrio hormonal, la función nerviosa).

¿Cómo se puede comprobar si existe un trastorno de la metilación?

Quien sospeche que tiene un trastorno de la metilación puede recurrir, según el estado actual de la ciencia, a distintos métodos de análisis.

Análisis de sangre:

  • El nivel de homocisteína: un valor elevado puede indicar una metilación que no es óptima.
  • Los valores de ácido fólico, vitamina B12 y ácido metilmalónico: una carencia o un desequilibrio aporta indicios importantes sobre el aporte de vitaminas B.

Pruebas genéticas:

  • ‍‍Examen del gen MTHFR y de otros genes relevantes, para sacar a la luz posibles variantes.
  • Pruebas epigenéticas, que analizan el patrón actual de metilación de los genes.

Valores de laboratorio especializados:

  • La SAMe (S-adenosilmetionina) y la SAH (S-adenosilhomocisteína), que ofrecen una visión más detallada del estado de la metilación.

Por lo general se empieza por los valores sanguíneos básicos y se amplía el análisis si hay una sospecha concreta. Así se pueden acotar mejor los trastornos y abordarlos de forma dirigida.

¿Qué problemas y síntomas pueden provocar los trastornos de la metilación?

Una metilación alterada puede desencadenar toda una serie de molestias, porque son muchísimos los procesos del cuerpo afectados.

Posibles síntomas de un trastorno de la metilación:

  • Homocisteína elevada: aumenta el riesgo de problemas cardiovasculares.
  • Cansancio y agotamiento: una desintoxicación y unos mecanismos de reparación insuficientes debilitan el cuerpo.
  • Cambios de humor, depresión, ansiedad: neurotransmisores como la serotonina y la dopamina dependen de la metilación.
  • Neuropatía: una carencia de vitamina B12 por una metilación alterada puede dañar la vaina de mielina de los nervios (hormigueo, entumecimiento, dolor).
  • Enfermedades neurodegenerativas (por ejemplo Alzheimer, Parkinson): una desintoxicación insuficiente y un nivel alto de homocisteína aumentan el riesgo de daños neuronales.
  • Molestias musculares y articulares: las inflamaciones crónicas pueden agravarse cuando la metilación falla.
  • Desequilibrios hormonales: el aprovechamiento de los estrógenos depende de una metilación que funcione (trastornos del ciclo, SPM).
  • Mayor vulnerabilidad a los tóxicos ambientales: quien no desintoxica de forma eficaz reacciona con más sensibilidad a los productos químicos o a los metales pesados.
  • Problemas cognitivos y fallos de memoria: una metilación no óptima puede contribuir a que el cerebro trabaje con menos eficiencia, lo que puede manifestarse por ejemplo en dificultades de concentración, olvidos o « niebla mental ».
  • Problemas de sueño: neurotransmisores como la serotonina y la melatonina dependen de un proceso de metilación sin problemas. Si algo falla ahí, pueden aparecer dificultades para conciliar o mantener el sueño.
  • Debilidad inmunitaria y mayor vulnerabilidad a las infecciones: la metilación influye en la regulación inmunitaria. En algunos casos, un trastorno hace que el sistema inmunitario ya no trabaje con tanta eficacia.
  • Anemia: una falta de vitamina B12 y de ácido fólico por una metilación alterada puede llevar a la formación de glóbulos rojos anómalos y agrandados (anemia megaloblástica). Eso se muestra por ejemplo en palidez, agotamiento rápido o falta de aire.
  • Cambios en la piel: algunas personas afectadas refieren una piel seca, irritada o inusualmente sensible. Con una carencia de B12 puede deteriorarse, por ejemplo, la barrera cutánea.
  • Problemas digestivos: los trastornos de la metilación pueden repercutir indirectamente en el intestino, por ejemplo por cambios en el equilibrio de los neurotransmisores (que puede influir también en el movimiento intestinal y en la flora). Algunas personas refieren molestias digestivas como gases, diarrea o estreñimiento.
  • Dolor de cabeza y migraña: los valores elevados de homocisteína o la falta de vitaminas B en el marco de un trastorno de la metilación se relacionan a veces también con dolores de cabeza frecuentes o crisis de migraña.
  • Problemas de fertilidad y de embarazo: como el ácido fólico y un ciclo de metilación que funcione bien son esenciales para el desarrollo embrionario temprano, los trastornos pueden aumentar, entre otras cosas, el riesgo de complicaciones del embarazo.
  • Reacciones autoinmunes: una regulación génica defectuosa por una metilación alterada podría participar, eventualmente, en la aparición o el agravamiento de algunas enfermedades autoinmunes, ya que ciertos genes que favorecen la inflamación pueden estar más activos.

Que aparezcan o no estos síntomas, y cuáles, varía mucho de una persona a otra. Algunas personas con trastornos de la metilación presentan solo molestias leves; otras, toda una serie de síntomas. Por eso es sensato, ante molestias crónicas o difíciles de explicar, no pensar solo en las causas habituales, sino llegado el caso también en la metilación.

‍¿Qué se puede hacer para corregir un trastorno de la metilación?

Aquí hay una buena noticia: uno mismo puede hacer mucho para devolver al cuerpo al compás correcto.

Corregir las carencias de nutrientes

  • La alimentación: hoja verde oscura (espinacas, brócoli), legumbres y cereales integrales para el folato; productos animales (carne, huevos, pescado, leche) o complementos para la B12; remolacha y salvado de trigo para la betaína.
  • La suplementación: ante una carencia demostrada en laboratorio (o ante variantes genéticas) puede ayudar, por ejemplo, el ácido fólico activo (5-MTHF). La vitamina B12 debería suplementarse en formas biodisponibles (por ejemplo la metilcobalamina).

Fortalecer la salud intestinal

  • Los probióticos y los alimentos prebióticos (por ejemplo la verdura fermentada, el yogur, la kombucha) favorecen una flora intestinal equilibrada.
  • Una alimentación rica en fibra (cereales integrales, legumbres, verdura) mejora la digestión y repercute positivamente en la absorción de las vitaminas B.
  • Una barrera intestinal sana y evitar las disbiosis (los desequilibrios de la flora intestinal) pueden apoyar indirectamente la metilación, porque los nutrientes se aprovechan entonces mejor.

Apoyar el sistema antioxidante

  • El glutatión se considera uno de los antioxidantes más importantes que produce el propio cuerpo. Un sistema del glutatión optimizado puede mejorar la desintoxicación, lo que a su vez alivia la metilación. Algunas personas toman por eso N-acetilcisteína (NAC) o glutatión liposomal. Encontrarás más sobre el glutatión y sus numerosas ventajas en el artículo « El glutatión, nuestro escudo invisible ».
  • Los polifenoles y otros antioxidantes de las bayas, la cúrcuma, el té verde, etc., refuerzan además los procesos de defensa y desintoxicación del cuerpo.

Complementos específicos

  • La SAMe (S-adenosilmetionina) puede ayudar a algunas personas con problemas de metilación marcados, siempre que exista una carencia (pedir sin falta una opinión especializada).
  • La colina y la betaína (TMG) pueden tomarse como complementos, además de la alimentación habitual, cuando el ciclo de metilación está claramente atascado.

Un modo de vida sano

  • Reducir el estrés: el estrés sostenido favorece la inflamación y consume más rápido las vitaminas B y otros nutrientes.
  • Las técnicas de relajación como la meditación, los ejercicios de respiración, el yoga o la relajación muscular progresiva pueden repercutir positivamente en el sistema nervioso autónomo y aliviar al cuerpo.
  • Mejorar la calidad del sueño: durante el sueño el cuerpo se recupera y lleva a cabo importantes procesos de reparación.
  • El movimiento: una actividad moderada y regular apoya el metabolismo y la desintoxicación, favorece la circulación y con ella el aporte de nutrientes a tus células.
  • La luz del sol apoya la formación de vitamina D, lo que mejora muchos procesos metabólicos y mantiene estable el sistema inmunitario.

Favorecer la desintoxicación

  • Beber lo suficiente: el agua o las infusiones sin azúcar ayudan a arrastrar las sustancias nocivas.
  • Una alimentación amable con el hígado: alimentos como la alcachofa, el diente de león o el cardo mariano pueden aliviar el hígado.
  • Reducir los tóxicos del día a día: alimentos ecológicos, productos de limpieza con poca química, cosmética natural y ventilar con regularidad.
  • Eventualmente, comprobar la exposición a metales pesados.

Comprobar posibles infecciones o inflamaciones crónicas

  • Ante molestias persistentes y poco claras vale la pena descartar o tratar infecciones ocultas (por ejemplo la borreliosis) o focos inflamatorios crónicos. Estos pueden cargar el metabolismo y en particular el ciclo de metilación.
  • Los focos dentales o las inflamaciones latentes (por ejemplo en la boca o en el intestino) juegan también un papel en algunas personas.

El equilibrio hormonal

  • Si tienes molestias hormonales fuertes, puede ser sensato hacer comprobar la tiroides (T3/T4), las hormonas suprarrenales (cortisol) o el estado de las hormonas sexuales. Un desequilibrio puede afectar también indirectamente a la metilación.

Cuidar el vínculo cuerpo-mente

Las cargas psíquicas crónicas y los conflictos no resueltos repercuten a menudo en el plano físico. Un acompañamiento psicológico o un coaching pueden ayudar cuando el estrés o los temas emocionales contribuyen a descarrilar el ciclo de metilación.

Un acompañamiento profesional

En casos complejos y ante molestias marcadas vale la pena consultar a médicos o naturópatas que conozcan bien los trastornos de la metilación.

Una mirada al futuro

La investigación sobre la metilación avanza rápido. Los científicos descubren sin cesar nuevas relaciones entre una metilación alterada y enfermedades como el cáncer, el Alzheimer u otros procesos degenerativos. Eso abre quizá nuevas vías hacia tratamientos personalizados, en los que se mire con precisión cómo están regulados epigenéticamente los genes de una persona. También en materia de prevención, el conocimiento de nuestros interruptores genéticos y epigenéticos podría jugar en el futuro un gran papel.