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Vitaminas11 min de lectura

La vitamina C, el arma para todo

La vitamina C puede mucho más que reforzar nuestro sistema inmunitario frente a los resfriados. Influye en el 95 % de nuestro metabolismo y es por eso imprescindible para nuestra salud. Descubre aquí cómo emplear bien la vitamina C, para fortalecer y regenerar tu cuerpo.

Lilia Baron

Redactora

Vitamin C – Die Allzweckwaffe

La vitamina C, una introducción

La vitamina C es sin duda una de las vitaminas más conocidas, porque es el arma definitiva para apoyar nuestro sistema inmunitario ante los resfriados. Y resfriado ha estado cada uno de nosotros alguna que otra vez. Pero la vitamina C tiene todavía muchas otras funciones importantes en el cuerpo, que apoyan nuestra salud. Estrictamente hablando, la vitamina C influye en el 95 % de nuestro metabolismo. Necesitamos por tanto vitamina C siempre, no solo cuando estamos enfermos. Una carencia de vitamina C puede favorecer así casi cualquier enfermedad. Y, a la inversa, apenas hay enfermedad que no pueda mejorar con vitamina C.

Por qué la vitamina C es tan importante para nosotros

A diferencia de la mayoría de los animales y las plantas, los humanos no podemos formar vitamina C por nosotros mismos y debemos aportarla con la alimentación. La vitamina C no solo es imprescindible para la formación de colágeno, para nuestro sistema nervioso y para nuestro sistema inmunitario: es al mismo tiempo uno de los antioxidantes hidrosolubles más importantes. Protege nuestras células de la destrucción por los radicales libres.

La vitamina C protege nuestras células del estrés oxidativo y es por tanto una sustancia protectora importante en la lucha contra los radicales libres y contra los invasores víricos o bacterianos. Y de eso tenemos mucho en nuestro día a día, ya sea por la contaminación, el estrés o los tóxicos de los alimentos, entre muchos otros.

La vitamina C reduce el cansancio, normaliza la función del sistema inmunitario y nervioso y de la psique, y normaliza el metabolismo energético. Sin vitamina C no es posible ninguna formación de colágeno. El colágeno es la sustancia que forma el tejido conjuntivo de nuestro cuerpo. Sirve también para construir vasos sanguíneos, cartílagos, huesos, dientes y piel, y para su funcionamiento normal. Por eso somos materia firme. Sin vitamina C seríamos simplemente un caldo de células.

Como nuestra piel está hecha también de colágeno, envejecemos más rápido cuando falta vitamina C y nos salen antes arrugas. Por su papel en la formación de colágeno y en la reparación de los tejidos, la vitamina C favorece también la cicatrización.

La vitamina C aumenta la absorción de hierro y mejora el aprovechamiento del calcio, y actúa contra la inflamación. La vitamina C ayuda también a aumentar el número de nuestros glóbulos blancos, que forman parte del sistema inmunitario del cuerpo. Así, la vitamina C impulsa el sistema inmunitario y hace el cuerpo más resistente frente a virus, bacterias, hongos, mohos, etc. Justamente cuando se lucha contra una enfermedad crónica, la vitamina C en la forma y la dosis adecuadas cuenta mucho.

La forma adecuada de vitamina C ayuda a la desintoxicación del hígado, la sangre y la linfa, fortalece las suprarrenales, repara los neurotransmisores dañados y regenera el sistema nervioso central. La vitamina C ayuda a tu cuerpo a desintoxicar con eficacia.

Las funciones de la vitamina C de un vistazo:

  • la formación de colágeno
  • el sistema nervioso
  • el sistema inmunitario
  • el metabolismo energético
  • la protección frente a los radicales libres y con ella frente al estrés oxidativo y el envejecimiento
  • la absorción de hierro y el aprovechamiento del calcio
  • la desintoxicación del hígado, la sangre y la linfa
  • la regeneración del sistema nervioso
  • la cicatrización

La carencia de vitamina C y sus efectos

Una carencia de vitamina C puede verse favorecida por una alimentación poco sana, el estrés, la falta de sueño, los medicamentos, las enfermedades infecciosas, los trastornos de la función renal —en el fondo por todas las enfermedades—, el trabajo físico duro, el deporte de alto nivel, el consumo de alcohol, etc. Durante el embarazo y la lactancia las necesidades de vitamina C son también mayores.

Puede ocurrir también que, por trastornos funcionales del tubo digestivo, no pase suficiente vitamina C de la mucosa intestinal a la circulación sanguínea. Eso puede llevar asimismo a una carencia de vitamina C.

Una falta de vitamina C puede favorecer síntomas muy variados, que afectan a la función celular, debilitan las defensas y dejan la ventaja a los radicales libres, lo que lleva en cadena, poco a poco, a más y más enfermedades.

Un hombre sentado en el sofá, envuelto en una manta, se suena con un pañuelo.

Los siguientes síntomas pueden indicar una carencia de vitamina C:

  • debilitamiento del sistema inmunitario, vulnerabilidad a las infecciones
  • inflamación y sangrado de las encías
  • cicatrización retardada y sangrados
  • dolores musculares y articulares
  • edemas
  • piel seca y áspera y pequeñas manchas rojas o azules por vasos sanguíneos frágiles
  • limitaciones en la formación de colágeno
  • fiebre alta
  • agotamiento y falta de energía
  • diarrea fuerte
  • trastornos del equilibrio y mareos
  • insuficiencia cardíaca
  • depresión y muchos otros síntomas

¡Sin vitamina C no podemos sobrevivir mucho tiempo!

Mayores necesidades de vitamina C

Cuando estamos sanos, cuidamos bien de nosotros y comemos de forma variada, fresca y equilibrada, una carencia grave de vitamina C es poco probable. Esas condiciones óptimas, por desgracia, ya casi no se dan en nadie hoy en día. Tenemos tantos desafíos en el día a día que muy pocos pueden reunirlas. Por eso casi cada uno de nosotros tiene mayores necesidades de vitamina C.

Nuestras necesidades de vitamina C son mayores, por ejemplo, en las siguientes situaciones:

  • con una alimentación poco sana
  • con estrés
  • con falta de sueño
  • tomando medicamentos
  • con enfermedades infecciosas
  • con trastornos de la función renal
  • con trastornos funcionales del tubo digestivo
  • con trabajo físico duro y deporte de alto nivel
  • con consumo de alcohol y tabaco
  • durante el embarazo y la lactancia

Alimentos ricos en vitamina C

Por suerte, muchos alimentos contienen vitamina C, de modo que con una alimentación sana y variada podemos abastecernos bien.

Un cartel con la inscripción « Vitamina C » entre plátanos, pimientos, brócoli, kiwi, naranja y grosellas negras.

Entre las mejores fuentes de vitamina C están:

  • el escaramujo
  • la acerola
  • el camu-camu
  • las frutas exóticas como el kiwi, el mango, la guayaba, la papaya, la piña
  • los cítricos
  • las bayas
  • los tomates
  • verduras como el pimiento, el brócoli, las coles de Bruselas, la espinaca y la col rizada
  • el zumo recién exprimido de hinojo o de apio
  • las patatas y los boniatos

El escaramujo, el camu-camu y la acerola pueden tomarse, por ejemplo, en polvos de calidad. Son ricos en vitamina C natural. ¡Con los polvos, fíjate siempre en que sean de calidad ecológica!

Todas las frutas y verduras contienen algo de vitamina C. Por eso es recomendable incorporar mucha fruta y verdura fresca a la alimentación diaria. Así podemos elevar de forma natural nuestro nivel de vitamina C.

Hay que tener en cuenta que un almacenamiento largo y la cocción hacen bajar el contenido en vitamina C. Lo mejor es, por tanto, comer la fruta y la verdura siempre frescas y crudas. Si se cocina, la forma más suave de preparación es al vapor.

La suplementación con vitamina C

Quien tenga mayores necesidades de vitamina C, por las cargas del día a día o por enfermedad, puede cubrirlas de forma muy sencilla con complementos alimenticios. La mayoría de los complementos de vitamina C contienen casi siempre vitamina C en forma de ácido ascórbico. Este tiene un carácter ácido, por lo que se tolera peor en personas sensibles y puede provocar problemas digestivos.

Se tolera muy bien la vitamina C en forma de Ester-C (ascorbato de calcio y ascorbato de magnesio). El Ester-C se absorbe además mejor por nuestro cuerpo. Esta forma de vitamina C pueden tomarla incluso las personas con el estómago muy sensible. El Ester-C pasa a la sangre el doble de rápido y permanece biodisponible en el cuerpo el doble de tiempo que el ácido ascórbico. Los buenos complementos de Ester-C contienen además bioflavonoides, que apoyan aún más a tu cuerpo y favorecen la absorción de la vitamina C.

Otra opción muy buena es la vitamina C liposomal, que contiene una forma potente y biodisponible de la vitamina C. La vitamina C liposomal pasa muy rápido a la sangre y actúa por tanto rápida y eficazmente. Con el estómago sensible, el Ester-C es la mejor elección. O se empieza con cantidades pequeñas de vitamina C liposomal y se van subiendo poco a poco.

La dosis de vitamina C

La recomendación de la Sociedad Alemana de Nutrición para la vitamina C

Recomendación de dosis de la Sociedad Alemana de Nutrición:

  • Lactantes (0-4 meses): 20 mg
  • Lactantes (4-12 meses): 20 mg
  • Niños (1-4 años): 20 mg
  • Niños (4-7 años): 30 mg
  • Niños (7-10 años): 45 mg
  • Niños (10-13 años): 65 mg
  • Adolescentes (13-15 años): 85 mg
  • Adolescentes (15-19 años): 100 mg (chicos), 90 mg (chicas)
  • Adultos (19-65 años): 110 mg (hombres), 95 mg (mujeres)
  • Adultos (65 años y más): 110 mg (hombres), 95 mg (mujeres)
  • Embarazadas: 105 mg
  • Lactantes: 125 mg

Fuente: Deutsche Gesellschaft für Ernährung

La recomendación de dosis de vitamina C en la medicina ortomolecular

Las recomendaciones de dosis en la medicina ortomolecular buscan emplear los nutrientes en cantidades óptimas para prevenir y tratar enfermedades. Por eso las dosis recomendadas de vitamina C pueden ser bastante más altas que las dosis diarias recomendadas de forma general.

Prevención y salud general:

  • Adultos: de 1.000 a 3.000 mg al día
  • Niños: dosis según el peso corporal, por lo general de 250 a 1.000 mg al día

Los expertos en vitaminas de todo el mundo sitúan las necesidades diarias en 30-50 mg/kg de peso corporal.

Problemas de salud agudos (por ejemplo resfriado, infecciones):

  • Adultos: de 3.000 a 10.000 mg al día, repartidos en varias tomas
  • Niños: dosis más altas según el peso corporal, por lo general de 1.000 a 3.000 mg al día, repartidos en varias tomas (¡a consultar sin falta con un médico!)

Enfermedades crónicas y estados de salud específicos:

  • Adultos: de 10.000 a 20.000 mg al día o más, según la tolerancia individual y bajo supervisión médica
  • Niños: dosis adaptadas en consecuencia, bajo supervisión médica

Ten en cuenta que también en días muy estresantes o después de hacer deporte las necesidades de vitamina C son mayores. La dosis óptima puede variar según el estado de salud, el nivel de estrés y los factores ambientales. En caso de duda, es aconsejable un ajuste por parte de un médico con experiencia.

Se recomienda subir la dosis de vitamina C despacio, para comprobar la tolerancia y evitar efectos adversos como la diarrea. Las dosis altas deberían repartirse siempre en varias tomas a lo largo del día, para asegurar una absorción uniforme y un nivel sanguíneo estable. La vitamina C no debería tomarse junto con selenio. Ambos son antioxidantes y se inactivan mutuamente.

Síntomas de un exceso de complementos de vitamina C

Aunque la vitamina C sea hidrosoluble y las cantidades sobrantes se eliminen normalmente por la orina, una ingesta muy alta puede provocar efectos adversos:

  • molestias digestivas como náuseas, diarrea y calambres
  • cálculos renales: un consumo excesivo de vitamina C puede llevar en algunas personas a la formación de cálculos renales. No está claro, por ahora, si la vitamina C es realmente la causa.
  • mayor absorción de hierro: en personas con enfermedades como la hemocromatosis, que llevan a una absorción excesiva de hierro, un aporte alto de vitamina C puede ser perjudicial.

Interacciones con medicamentos

La vitamina C puede interactuar con algunos medicamentos. Hay medicamentos que influyen en la absorción o el metabolismo de la vitamina C. Entre ellos: los antiácidos, los anticonceptivos hormonales, las dosis altas de aspirina, los barbitúricos y los corticosteroides. Y hay medicamentos en los que la vitamina C puede influir. Entre ellos: los anticoagulantes, las estatinas y los preparados de hierro.

Hay quien afirma que la vitamina C afecta a la eficacia de ciertos quimioterápicos. Los datos son, sin embargo, contradictorios. Algunos estudios apuntan a que la vitamina C aumenta la eficacia de los quimioterápicos; otros afirman lo contrario. Si tomas medicamentos, siempre es aconsejable consultar con tu médico la toma de complementos alimenticios muy dosificados.

La vitamina C en el tratamiento del cáncer

Los estudios preclínicos han mostrado resultados prometedores sobre el efecto de la vitamina C a dosis altas en las células cancerosas. En el laboratorio se ha podido demostrar que la vitamina C, en concentraciones altas, mata de forma dirigida las células cancerosas, mientras que las células sanas quedan intactas.

El mecanismo de acción se basa en la formación de peróxido de hidrógeno en el entorno inmediato de las células cancerosas, lo que lleva a su muerte. Los resultados de investigación apuntan además a que la vitamina C puede influir en la actividad de ciertas enzimas y provocar cambios epigenéticos en el ADN, lo que quizá frene el crecimiento del cáncer. Estos efectos, sin embargo, solo se han observado hasta ahora en cultivos celulares y modelos animales, de modo que hacen falta más estudios clínicos en personas para confirmar la eficacia en el tratamiento del cáncer.

Las infusiones de vitamina C pueden mejorar la calidad de vida de los pacientes con cáncer y aliviar efectos adversos de la quimioterapia como la fatiga, la falta de apetito y las náuseas. En la oncología complementaria ya se emplean como acompañamiento de la quimioterapia.

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